Fíjate bien en el texto de abajo y descubrirás la oculta «magia» que encierra. Te ayudará mucho la lectura de estas líneas.

«En Toledo, pueblo insigne por quien le dió principio, que fué Ptolomeo, eminentísimo estrellero, por su suelo y cielo, por su sitio, como por su célebre río, sus dulces y melosos frutos, por su rico y suntuoso templo, por sus bellos rostros de mujeres en visos del sol, esculpidos entre crepúsculos de nieve, por sus eternos edificios, propios de sus ilustres vecinos, por el entendimiento de sus hijos, que son robo de los estudios, por el orgullo invencible de muchos que siguieron pendones, y con gusto oyeron el rumor del bélico instrumento, y en nombre de su rey rindieron fuertes, pendieron triunfos, y fueron dignos merecedores de mercedes y privilegios que hoy hinchen sus honorosos escudos; este pues Toledo, como digo, en el principio que reinó el prudentísimo y temido rey don Felipe II hubo un buen clérigo con el beneficio del templo del glorioso Isidoro, con cuyos frutos y los derechos de sus obvenciones, se gobernó bien regido, sin deseos del propio ministerio. Este pues crió un bello mozo, por nombre don Pedro Osorio, en el título de sobrino, …»

La «magia» que encierra es que no aparece en todo el texto la letra «a».